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Poema ARTE POÉTICA en inglés
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Poemas para fecundar el abismo. La poesía de Tulio Mendoza Belio por Edson Faúndez V.
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"Tulio Mendoza Belio y la carne de la poesía" por Carlos Iturra
Artículo/Entrevista en dCiudad
En esta sección podrán encontrar los escritos que, como crítico, he realizado sobre otros poetas, escritores y artistas en general: prólogos, presentaciones, contraportadas, post-scriptum, comentario de libros, de poemas, de cuentos, de novelas, de ensayos, catálogo de exposiciones, etcétera.

En esta sección contiene: 1. PALABRA PREVIA (al libro PASIÓN DE LOS SIGNOS) y 2. FERNANDO GONZÁLEZ-URÍZAR O LA PASIÓN DE UNA ESCRITURA (Prólogo al libro póstumo PASIÓN DE LOS SIGNOS).
Imagen
PALABRA PREVIA

(al libro PASIÓN DE LOS SIGNOS)

“Allá, al final de todo, la muerte, con sus flores,
con sus caligrafías de cerote, con sus ébanos.
¿Es morir regresar a los orígenes,
combatiendo con lirios los enigmas?

Fernando González-Urízar

Poema “Allá, al final de todo” (A.B. p.93)


El Poeta Fernando González-Urízar me envió el original de este libro que él llamó PASIÓN DE LOS SIGNOS, en el mes de mayo del presente año, para que yo lo prologara y me hiciera cargo de su edición, tarea a la cual me aboqué de inmediato. Paralelamente, estábamos trabajando desde hace tiempo, en un anhelado proyecto mío: un ensayo sobre su vida y su obra, el cual lleva por título “Fernando González-Urízar: un clásico contemporáneo” (nombre que él mismo eligió producto de un artículo mío que titulé de ese modo y que apareció publicado en el Diario “El Sur” de Concepción. Parte de ese texto, aparece como prólogo en el libro POEMAS SELECTOS, edición que realicé, en 1997, como un presente al Amigo y Maestro).

El año pasado, el Poeta obtuvo, en su primera versión, el Premio Regional “Baldomero Lillo” de las Artes Literarias, otorgado por la Intendencia de la Región del Bío-Bío. Fernando González-Urízar viajó a Concepción donde compartió, especialmente, con los integrantes del Taller Literario que lleva su nombre y que fundé el 15 de junio de 1982, y . opinión de urízar sobre el taller
Recibió el galardón en un acto cultural efectuado en el Teatro Concepción, el 30 de octubre, a las 19.30 horas. El premio consistió en un Galvano de Honor y la suma de $1.000.000 (un millón de pesos). El galvano que se le otorgó reza: "Se otorga el Premio Baldomero Lillo a don Fernando González-Urízar por sus notables méritos y trascendente aporte a las artes literarias. Región del Bio-Bío, Región de Emprendedores, Concepción, octubre, 2002."
El Jurado estuvo compuesto por Jaime Tohá, Intendente; Patricio Aguilera, Seremi de Educación; Darwin Rodríguez, Consejero Regional y escritor; Anamaría Maack, Directora de Extensión de la Universidad del Bío-Bío; Lientur Rojas, Director de Teatro; Tulio Mendoza Belio, poeta, Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Concepción y Carmen Concha, representante de la Corporación Cultural de la Cámara Chilena de la Construcción. Me honro con haber formado parte del Jurado que otorgó, tan merecidamente, esta importante distinción. El Premio Nacional de Literatura, como sabemos, le fue esquivo como a tantos otros importantes nombres de nuestra literatura, pero la gloria, Borges dixit, es “estrépito y ceniza” y González-Urízar permanecerá entre nosotros por la excelencia y singularidad de su obra.

En los últimos meses, había ya realizado una larga entrevista al Poeta, había establecido la cronología de su vida y obra (que él revisó y aprobó), habíamos recopilado la mayor parte de los artículos críticos sobre su poesía, los prólogos y la prosa que había escrito, había concluido la lista completa, por orden alfabético, de todos los poemas incluidos en sus libros publicados, habíamos compartido algunas fotografías y hasta tenía el diseño de la portada de mi ensayo. Trabajábamos con inusitado entusiasmo cuando, repentinamente, me llegó la tristísima noticia de su muerte, la mañana del domingo 20 de julio. El Poeta había fallecido en la madrugada

“Un elegido menos, un vacío nuevo”, me expresó solidariamente mi amigo poeta Andrés Buzolic. Recordé un poema de Fernando, de su primer libro, aquel en el cual una paloma, que representa a la muerte, lo sigue “Por las calles dormidas del crepúsculo”: “Una paloma sola va conmigo”, este perfecto endecasílabo, es el título del poema que termina así: “Sabor desnudo y hondo: la tristeza,/ piedra, ceniza y agua, ¡va conmigo!” Fue lo que sentí aquella mañana de domingo en que el sol se puso frío.

Lamentablemente, el Poeta no alcanzó a tener este libro entre sus manos ni podrá ver publicado mi ensayo en el cual estudio su obra poética, y como PASIÓN DE LOS SIGNOS ya estaba en la imprenta y para mantener esa sensación primera del Poeta todavía vivo entre nosotros (de hecho lo estará siempre gracias a su poesía), decidí no condicionar la edición a la circunstancia de su muerte. Por este motivo, dejé el prólogo y el diseño de la obra, tal cual como los había proyectado y preferí añadir esta Palabra previa y la dedicatoria que sé que Fernando hubiese celebrado.

Y ahora, Poeta, que con sus palabras me digo que “una lágrima custodia mi alma/ y una sonrisa llora dulcemente en mi boca”, y que a mí también “Sólo la eternidad me satisface”, (¡qué endecasílabo tan rotundo, soberbio, magnífico, tan lleno de sentido!), quiero volver a decirle, parafraseando sus propias palabras, lo que le escribí el 22 de abril de 1979, en el Diario “El Sur” de Concepción, al comentar su libro TAÑEDOR DE LLUVIAS: “..., y entonces, don Fernando, si preguntan por usted, yo no diré que no ha venido, ni que hay una flor de luto en sus ojeras, diré simplemente que se quedó soñando en el espacio que late entre el silencio y la escritura.”

Tulio Mendoza Belio
Director-Editor Ediciones Etcétera
Concepción de Chile, Julio de 2003.

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FERNANDO GONZÁLEZ-URÍZAR
O LA PASIÓN DE UNA ESCRITURA

(Prólogo al libro póstumo PASIÓN DE LOS SIGNOS)

por Tulio Mendoza Belio
Premio Literario Nacional “Oscar Castro Zúñiga” 1998 y 2001
Presidente SECH-Concepción
Director-Fundador Taller Literario “Fernando González-Urízar” de Concepción


Desde 1957, fecha de la publicación de La Eternidad Esquiva, su primer libro de poemas, hasta esta Pasión de los signos, el poeta Fernando González-Urízar, ha mantenido un claro y sostenido ejercicio en ese ámbito literario que Gabriela Mistral llamó el Oficio Mayor de la Palabra: la poesía. 30 libros, más de 800 poemas publicados (y muchos otros inéditos), dan testimonio de una profunda vocación, asumida con la íntima convicción y la plena conciencia de quien ha tenido la ocasión de elegir, pero también de haber sido elegido: “Esto he querido ser y así quiero morir:/ cantando como el mar o como el viento.”, nos dice en un poema (1) y, más adelante, agrega: “No tengo otra razón para existir/ que esta larga semilla pensativa,/ que este cuerpo de amor sobre mi piel,/ que este puro silencio que me brota.”

¿Y cómo canta el mar, y cómo, el viento? Naturalmente, desde sus propias existencias, desde sus raíces, aunque, y para usar un tópico borgeano (2), y evocando a Darío en su poema“Lo fatal”(3), estos nunca llegarán a saberlo. Y qué bella y feliz es esa “larga semilla pensativa”, la poesía, que es “cuerpo de amor” sobre otro cuerpo y “puro silencio” y que al poeta se le da, como ya hemos visto, casi en forma natural, le “brota”, escribe, y en otro poema señala: “como un don que proviene de lo oscuro.”(4), es decir, como una cualidad que nos es dada por algo superior, y ese “don” es “oscuro”, adjetivo que en este contexto debe entenderse como “oculto”, “misterioso”, “enigmático”, “de origen poco claro”. En otro de sus poemas, leemos: “Nombrar es un deber apasionado: /urjo la magia pura del idioma, /mi mano se acomoda a su regalo.” (5) y también “Ave del paraíso o del infierno,/ me mueve no sé quién, quizá mi sangre,/ el río de la luz y de la sombra.” (6)
Muchos son los testimonios que en tal sentido ha manifestado Fernando González-Urízar a través de su brillante trayectoria literaria. Uno de los más significativos es, nos parece, cuando afirma que la poesía es una “tarea resplandeciente, la más hermosa y desolada de todas” y que la sed que él siente, la sed de poesía, de plasmar la palabra, no la cambia por cosa alguna. (7)

Más adelante mostraremos, como lo hemos hecho en otro escrito (8), el significado preciso de esta sugerente y acertada afirmación, ya que gracias a ella se puede aquilatar y comprender a cabalidad CABALMENTE, no sólo que existe una correspondencia entre esa declaración y la manifestación concreta de esa declaración, es decir, la obra misma y su actitud como poeta frente a su oficio y a la vida, sino que nos permite apreciar el sentido que adquiere la palabra “pasión”, por una parte, y “signos”, por otra; ambos sustantivos involucrados en el nombre de este nuevo libro que viene a significar, estructuralmente, algo así como una “recapitulación”, como una “muestra” (no necesariamente una antología), como una mirada retrospectiva, pero siempre actualizada. Actualizada en dos posibles aspectos: los buenos poemas no se terminan nunca de leer y puestos ellos en un espacio diferente al de su primera publicación, cobran una nueva forma de ser, una connotación distinta. Es como si, a través del tiempo (de cada libro publicado), se le quisiera dar a algunos poemas una segunda oportunidad, un renacimiento, una nueva lectura, un nuevo espacio para insistir aún más en su voz interior o para apreciar y verificar que esta obra total, tiene la coherencia necesaria que le permite mostrar la riqueza y la flexibilidad de sus partes y aparecer cada vez como algo nuevo.

Y si para reafirmar esta idea, escuchamos nuevamente al poeta en otro de sus textos, no nos resultará extraño volver a encontrar: a) la idea de la “poesía situada” (que ya describiéramos en el prólogo de su libro La Copa Negra (9)), es decir, la imbricación de vida y obra y b) el carácter circular de su escritura poética: “Y si el aire me sigue en cada viaje, /siempre es la misma voz la que me dicta: /mi vida se repite y se devora.” (10) Se reitera en estos versos lo inefable de la poesía y el carácter circular de su vida y de su obra. Sin embargo, deseamos acotar que la circularidad de su escritura, no debe entenderse como una repetición mecánica, ni una reiteración desprovista de novedad: se trata más bien de un recorrido en espiral con sus propias estaciones: ese “viaje” que emprende, no puede ser un dar vueltas sobre un mismo centro o eje, existe una efectiva retroalimentación dada por la experiencia y la circunstancia: “mi vida se repite y se devora”: aunque sea siempre la misma voz la que le dicta los poemas, porque esa voz es la poesía y él, el poeta, el oficiante de ese rito mágico y misterioso. Recordemos nuevamente sus versos: “Nombrar es un deber apasionado: / urjo la magia pura del idioma, / mi mano se acomoda a su regalo.”

Como ya habíamos anunciado, indaguemos ahora el significado preciso de la definición que de la poesía nos da el poeta Fernando González-Urízar. El poeta afirma que es una “tarea resplandeciente, la más hermosa y desolada de todas”.

Una “tarea”, es decir, una labor, una obra, un trabajo, un oficio. Esto implica dos cosas: por una parte, el sentido de hacer, de construir, de elaborar algo, un objeto, en este caso el poema, ser vivo hecho de palabras: sonido más sentido. Y, por otra parte, el sentido de oficio como trabajo, como profesión, el ser poeta, el ser escritor, como se es abogado, médico, comerciante, profesor o carpintero.

Además, González-Urízar añade que la tarea es “resplandeciente”: es decir, que brilla, que muestra, que rebosa, que despide algo. ¿Y qué es ese algo que irradia la poesía, que surge del poema? Volvemos a lo que decía Valéry: sonido más sentido. Y repetimos con Octavio Paz: “el fondo surge de la forma” (11), y agregamos con Luis Antonio de Villena: “la forma que emociona.” (12) y con Johannes Pfeiffer: “un modo de verdad se ha vuelto realidad en el encanto de la forma.” (13 )

Y estas formas que emocionan, estos cuerpos que se palpan, que se huelen, que se miran, que se degustan, que oímos, nos muestran su hermosura (que es la perfección formal y además su desnudez, el misterio, la otra voz, la marginalidad, sea de ésta o de la otra orilla). Y lo hacen para comunicarnos mundos, formas de vida, deseos, fantasmas, lunas interiores, soles para mejor vivir, noches infinitamente demoradas.

“La más hermosa y desolada de todas”: frente a la página en blanco (o en negro, como señaló el escritor mejicano Alvaro Uribe a propósito de Mallarmé (14) ), el creador está solo, únicamente él con sus lecturas, su experiencia, su circunstancia, sus sueños y deseos, y la imaginación que nos transforma en “pequeños dioses” como quería Huidobro o en esos cuatro grados sucesivos que señaló Eduardo Anguita: “poeta, hechicero, sacerdote y héroe.” (15)

Pasión de los signos, nos muestra las líneas temáticas generales que la crítica ha establecido para esta poesía, las diferentes cuerdas que la tensan y que se dan también, evidentemente, en muchos otros poetas (pensamos, por ejemplo, en Gonzalo Rojas). Lo cual no implica que sólo existan éstas, sino que en el caso particular del poeta Fernando González-Urízar, son las más evidentes e importantes. Además, es preciso hacer notar que muchos poemas pueden funcionar en una línea o en otra, dependiendo del sentido que se quiera hacer prevalecer.

Este nuevo libro reafirma, como ya hemos explicado, el sentido circular y en espiral de su poesía: una escritura que asedia sus propias raíces para dar cuenta, aquí y ahora, de su particular esencialidad.

Cuando preguntamos al poeta lo que opina de nuestra afirmación en el sentido de que hallamos en su obra un hermoso y decantado lirismo que hace sentir y pensar y que detrás de él subyace todo un discurso reflexivo sobre la vida misma y que es bello y poderoso irlo descubriendo gracias a la palabra poética, González-Urízar responde: “Es efectivo. Detrás del bello lirismo subyace un discurso reflexivo sobre las instancias de la vida, sobre la existencia misma y su trascendencia. El lector de mi poesía debe intuir que la música y la belleza lo llevarán a lo otro, al aire infinito que habita la sed que me agobia.” (16)

Como quien oficia un rito sagrado y construye un arte ceremonial, Fernando González-Urízar recorre los caminos, pulsa las cuerdas, ilumina las habitaciones de una casa, la Poesía, instalada en un espacio que se va perfilando a medida que nos acercamos a sus dominios y construye, además, su propia columna vertebral que nosotros, como lectores cómplices, hacemos nuestra para andar y desandar, para gozar y padecer, para descifrar y sentir y proyectar.

Las habitaciones, si bien pueden estar separadas, al formar parte de un todo, la casa total, no están completamente incomunicadas, hay conexiones internas, puertas, ventanas, vigas, espacios por donde se filtra el aire, el agua, la luz. La separación que hacemos es sólo un intento de clasificar para explicar.

Una de estas habitaciones, la constituye el amor, una dialéctica del amor, una poética del cuerpo y del erotismo (en otra cuerda paralela, que precisaremos más adelante, pulsará el amor a Dios, el amor filial, el amor a la naturaleza, a los animales, a los lugares y a las cosas).

De la misma manera que Octavio Paz, Gonzalo Rojas, Neruda o Eduardo Anguita, por nombrar sólo algunos poetas de nuestros afectos, González-Urízar hace con su poesía una interesante exploración del sentimiento amoroso, frecuentando, aquí y allá, los tres dominios que Octavio Paz señala y estudia en su extraordinario libro titulado La llama doble (17): el sexo, el erotismo y el amor. Esta escala humana es, sin duda, el ámbito en que la poesía de nuestro autor, alcanza y logra una riquísima variedad de matices y de hallazgos expresivos, una madurez que traduce la inteligencia y la emoción de transformar la palabra en la otra voz, en un cuerpo que irradia su propia luz. En esta poesía, el eros transfigurado, el motivo de su canto, será la mujer, la amada, la esposa (estos sustantivos se corresponden en un mismo nivel con el sexo, el erotismo y el amor).

Fidel Sepúlveda Llanos, en el prólogo al poemario Del amor sin fin (18), de Fernando González-Urízar, afirma que “Si la separación es una herida por la que se desangra el ser, la amada es su antítesis: restablece la unión y con ella la experiencia de plenitud.” (19) y agrega que el amor es “revelación de sentido” (20) y que la poesía de nuestro poeta, “es presencia que da sentido al mundo que vivimos. Alumbra la finitud de la infinitud pero, sobre todo, la infinitud de la finitud, liberada por el amor.” (21)

En González-Urízar, sobre todo en su libro Nudo ciego (22), se da un fino erotismo que se expresa a través de la palabra poética. El erotismo es algo cultural y, por lo tanto, es ceremonia, gesto y palabra, invención, deseo y sensualidad, seducción y misterio; de ahí que las palabras que ofician el rito, sean de una extrema sugerencia y de un decantado lirismo y revelen, entonces, ese necesario sentido, que nos hace ser diferentes y semejantes y el cual da razón de ser a nuestro impulso primero y lo transforma siempre en algo más.

Poemas suyos como “Ahora eres el mar”, “Dame amor, dame olvido, dame tiempo”, “Hueles a fiebres y rosas”, “Tú y yo, mi amor, nosotros”, “Iris sonata”, de su libro Nudo ciego, o “Un hijo se hace a ciegas” de su libro Saber del corazón (23) , por citar sólo algunos bellos y logrados poemas, dan testimonio de lo que acabamos de afirmar.

En el poema “La cena” (24), leemos:

El eco de los gozos, el lento aprendizaje
surge, tiembla, vacila, convoca, desanuda.
Es una flor de tallo levísimo el instante
donde canta la flauta, donde la arena escurre.

Y en “Cuerpos y astros” (25):

Considera mi cuerpo como un bosque
que tú y yo atravesamos de la mano,
acosados de miedos parecidos.

Y que troncos, cinturas y cabezas
reconozcan sus dulces cicatrices,
hagan señas y canten como locos.

Y que manen las leches torrenciales
en las ingles y muslos ardorosos,
en las nalgas de pan, en la garganta.

Considera que soy rito y olvido,
débil del alma y toro azul copioso,
un vaso con la espuma de tu nombre.

Que permanezco inmóvil en la sed
para surgir exhausto e invasor,
que el sol ha de vencer a tanta nieve.

Que ventana y postigo se abrirá
en la alcoba mayor de tu palacio,
que viajo al territorio del adiós.

Considera, en fin, que todo es lícito
cuando de amar se trata,
que el único deber es resonar.

Otra de las habitaciones, la constituye el sentido religioso o teológico y un sentido existencial y humanista de la vida.

Religare es, en su origen, volver a unir, a atar, ligar de nuevo. El poeta, descubridor y creador de analogías (“pasión de analogías” (26), escribe González-Urízar en el poema que inicia este libro), le otorga o le devuelve a la palabra un sentido más pleno y profundo, en la vida individual y colectiva. El hecho o la acción de volver a unir (que en el fondo es nombrar nuevamente, pero de otro modo), no sólo significa que algo se había desunido, sino que hace referencia a la idea de que en la naturaleza todo se halla ligado, atado, relacionado, que hay una increíble, insospechada y misteriosa correspondencia entre los seres y las cosas. Recordemos, a este propósito, las dos primeras estrofas del célebre poema de Baudelaire, titulado “Correspondences”:

La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles; L’homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l’observent avec des regards familiers.

Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent.” (27)

El poeta tiene entonces la capacidad de percibir y darse cuenta de esa “tenebrosa y profunda unidad,/ vasta como la noche y como la claridad,/” y descubre el diálogo secreto entre “los perfumes, los colores y los sonidos.” Establecer estas y otras correspondencias, como vistas por primera vez, nuevas analogías que nos entregan un distinto universo, un mundo poético y una visión de ese mundo que nos llega a través de la palabra plasmada, es una de las tareas del poeta, algo propio de su oficio y de la poesía y del arte.

En su libro Ánima viva. Poemas teologales (28), González-Urízar reúne gran parte de los textos que nos revelan “la conciencia de un hombre que reflexiona sin retaceos sobre la complejidad de la existencia, tras largo e intenso recorrido por ella”, como bien señala Ernesto Livacic en el prólogo de dicha obra. (29) Y lo hace desde la perspectiva de quien ha entrado en un diálogo franco y directo con Dios y que tiene la conciencia de lo que ello significa: “Amarte es la tarea más difícil de todas”, expresa en su poema “A fuego lento” (30). Y en este mismo texto, podemos leer:

Epístola de sordos, mi Dios, esta que escribe
a fuego lento mi alma, con letra misteriosa.
El Arca de la Alianza, la fiesta de los días,
dejara por el gozo de contemplarte ahora.

Mandamiento primero que nunca yo viví,
presencia de tu soplo, de tu Espíritu Santo.
Alegre es la campana, la luz, el palomar,
y el amor que reparte sus dones a destajo.

En Sentido religioso del mundo, Gabriela Mistral dice que “Entre los artistas son religiosos los que fuera de su capacidad para crear, tienen al mirar el mundo exterior la intuición del misterio, y saben que la rosa es algo más que la rosa, y la montaña algo más que una montaña, ven el sentido místico de la belleza y hallan en las suavidades de las hierbas y de las nubes del verano la insinuación de una mayor suavidad, que está en las yemas de Dios.” (31)

En otra de las habitaciones de esta casa, aparece el motivo de la temporalidad, de la finitud, de lo finito. El paso del tiempo es una de las constantes universales que asediará esta poesía y, como es de suponer, incluye el tema de la muerte, la soledad, la tristeza, la pérdida, el olvido, la vejez. En su poema “Meditación ustoria” exclama: “Se fue de mí, que ahora la apetezco/ para rendir mis años a la gracia./ ¡Juventud de los otros, quién tuviera/ tu verdor estival, no tu nostalgia!” (32) Y en el poema “Obstinado color”, leemos: “Son racimos de olvido los años/ que la lluvia mansamente desparrama.” (33), y en el texto“Melancolía del que vuelve”, nos dice: “Cae fuego del cielo, en los umbrales/ del que vuelve a su casa ya remota./ Un clavel de furor traspasa el aire,/ una lenta pavana de olas negras.” (34) Mas precisamente la poesía es, como expresa González-Urízar en su poema “Mes de enero solar”: “¡arte de hacer durar lo que no existe!” (35), lo que no existe en la realidad de la realidad, pero sí en la realidad de la obra de arte: el poema, el cuadro, la sonata, la piedra que el viento talló, la mirada que no olvidaremos, permanecen gracias al prodigio del arte. Además, González-Urízar pretende y desarrolla en su poesía, una reconstrucción del ayer, aunque ese pasado le parezca “apócrifo” (36), precisamente porque no es el pasado tal cual fue, es decir el pasado de la realidad, sino el pasado de la obra de arte, es decir, el de la realidad del poema, del texto literario. En “Invención del pasado” (37), nos dice:

No sé qué invento al fin o qué me inventa,
qué descubre el azar entre tus pliegues,
qué nombres de damasco te acompañan.

Y todo sobreviene de un borrón,
de una mancha de tinta en el silencio,
de un perfume que roe la congoja.

Si la humedad, que ilustra como nadie,
dibuja rosa heráldica en el muro,
recuerdo una liturgia de imposibles.

Tal vez mi ayer no cesa de fluir
y el hoy más verdadero sea fragancia
proveniente del árbol del Edén.

Y es cierto que me fui del Paraíso
cambiando vida fresca por memorias,
en busca de mi vieja juventud.

Y, más adelante, agrega:

Porque seres y cosas se me escurren
los clavo con mis ojos en el alma:
allí sólo el idioma los visita.

Y la estrofa final concluye:

Invento mi pasado, pues el hoy
me lo imponen los dioses y los hombres.
¡Ayer es mi provincia victoriosa!

Recordemos nuevamente a Pfeiffer: ese “modo de verdad”, de nuestra verdad, la verdad de cada poeta, “se ha vuelto realidad en el encanto de la forma”. Y esto es una manera de vencer al Tiempo, de perdurar en lo otro, incluso cuando ya físicamente no estemos ni podamos, por consiguiente, darnos cuenta de ello.

Al comentar el libro Tañedor de lluvias (38) , de Fernando González-Urízar, el escritor Hernán del Solar, escribe: “El ayer no cabe en el olvido. El poeta -mejor tal vez que los demás hombres- lo sabe siempre. Cuando lo cree pasado, escondido no sabe dónde, de repente asoma balbuceando, detrás de una careta deformadora, y se le reconoce. Vuelve, entonces, a ser presente. E impone palabras, gestos, autenticidad. Sólo a él se le oye. Si canta, todo está momentáneamente cantando; si sufre, el agobio es de toda cosa. Por fin, tal como vino, se marcha. Pero deja un rumor, ineludiblemente.” (39) Ese “rumor” que deja el ayer, pasa a formar parte del poema, está en sus raíces y nos llega, cuando se hace presente, a través de la palabra.

Fernando González-Urízar escribe su poema “La ciega lumbre y la copiosa brizna” (40):

Para nombrar lo que de mí se esfuma,
el ser que soy quiere juntar sus trozos,
recomponer la red en el espacio,
unir los hilos de la filigrana.

Para dar testimonio de lo inútil
persigo eternidad en todas partes,
y el aire que no acaba de gemir,
y la vieja monserga de mis sueños.

Vida y canto son faces de la luna,
cara y sello la voz y su silencio.
Cuando llueven las hondas letanías
el bosque de la ausencia da su aroma.

Aparte de la gracia hay voluntad.
Lo que nadie convoca, el arrebato
como un ánfora surge del azar
y en la boca musita su alabanza.

Vivo para llorar lo que de mí se escapa:
hermosura, vigor, la luz distinta.
De esa fuga retengo el esplendor
y el hueso que la muerte aguijonea.

Para cantar sus llamas y orfandad
el ser que soy y el que seré mañana
una a una consigna sus visiones:
la ciega lumbre y la copiosa brizna.

Y para realizar esta recomposición del ayer, el poeta quiere “juntar sus trozos”, “unir los hilos de la filigrana”, porque persigue “eternidad en todas partes” y, entonces, cualquier ser, cualquier objeto o cualquier lugar que haya dejado una marcada huella en su piel y en su alma, será digno de ser convocado, de aparecer, de revivir sobre la página en blanco: “Porque seres y cosas se me escurren/ los clavo con mis ojos en el alma:/ allí sólo el idioma los visita.”, muchas veces para hacerlos realidad en el poema. Así, irán apareciendo en sus libros, la madre, el padre, los hermanos, la esposa, las mujeres, los amigos, las personas conocidas, los objetos, los fenómenos de la naturaleza, la flora, la fauna, etcétera, que son también tan nuestros porque no nos son extraños. “Soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño.”, dijo Unamuno. (41)

En nuestro prólogo al libro La copa negra, titulado “Aproximaciones a La copa negra, una poética del fundamento” (42), indagamos la vertiente de lo que se ha llamado “poesía del linaje” o “del fundamento” o lo que Hilda R. May llama “lo genealógico en su doble vertiente: la imaginaria y la sanguínea” (43). En esta línea, consideramos también lo que denominamos el autorretrato y que en González-Urízar tiene el correspondiente autobiografismo como tópico, pero que además “éste le sirve, también, para desplegar otra gama de opiniones sobre asuntos que tienen que ver con él y con su entorno y muchas veces encontramos crítica y claros sentimientos de justicia, todo esto manifestado muy honestamente y con una sinceridad difícil de encontrar, como tema poético, en otros poetas.” (44) Remitimos al lector a ese texto para acercarse y explorar estos aspectos.

No podía faltar tampoco en la obra de este poeta, cuya escritura “reflexiona sin retaceos sobre la complejidad de la existencia”, la memoria histórica, una conciencia social y humana, libre y solidaria, sin consignas pasajeras ni sesgadas, sino más bien fundada en un profundo humanismo. Poemas como “Araucanía” (45), en el cual nos dice que “¡La raza hay que cantarla/ hasta que encienda/ su brasa de memorias en el puelche”, o “Civil y seglar” (46), en que pide a esas “Charreteras, galones y mandos” que le devuelvan a la patria su orgullo y a la rosa, el perfume, o “Yad Vashem” (47), en el cual nuestra memoria oye ese “largo grito funerario”, constituyen tan sólo un ejemplo de lo que afirmamos. Escuchemos algunas de las estrofas de este último texto:

Bajo la luz purísima del día
¡qué vergüenza de todos y de nadie!
Seis millones de mártires judíos
segados por el odio y la barbarie.

Seis millones de ti, pueblo elegido,
quemados, fusilados, asfixiados.
A encender una luz por ellos vengo,
a rendir testimonio y homenaje.

Por la rampa que va de muro a muro
camino entre tinieblas, desolado.
Una llama de estaño, aterradora,
murmura en el silencio del espanto.

Al hablar del amor en esta poesía, dijimos que en otra cuerda paralela, el poeta pulsaría aquella del amor filial, del amor a la naturaleza, a los animales, a los lugares y a las cosas. Algo de ello hemos indagado en estas breves reflexiones. En el caso preciso de Pasión de los signos, queremos destacar lo que significa el espacio en la poesía de nuestro poeta, el cual abarca lo geográfico y lo espiritual.

El viaje, los viajes; el espacio geográfico y el espacio anímico, la infancia; los lugares visitados e imaginados; el territorio que se habita, incluso el que se desearía habitar, están de algún modo presentes en la obra de Fernando González-Urízar. ¿Cuál es la relación que se establece entre el poeta y su propio espacio o cuál es la relación que el poeta establece con su lugar? Aventuremos algunas posibles respuestas.

“Ningún lugar está aquí o está ahí”, dice el poeta Oscar Hahn, refiriéndose o privilegiando el lugar interior, el que “es proyectado desde adentro” (47), esos espacios del alma, de la memoria, ese lugar que no ocupa lugar, pero cuya presencia se siente como algo muy vivo porque busca hacerse realidad. Si bien es cierto que el lugar exterior marca de algún modo al poeta, es más bien la relación que el poeta establece con el lugar, la que construye o reconstruye ese espacio: de adentro hacia afuera y no al revés: “Ahora estoy echando un lugar para afuera/ estoy tratando de ponerlo encima de ahí”, continúa el poema de Hahn.

En este libro, así como a través de toda su obra, González-Urízar nos entrega el itinerario de ese lugar interior, de su propia experiencia e imaginación, proyectándolo en la figura de los territorios visitados y conocidos (las ciudades de sus viajes: Pekín, Rehovot, Beer-Sheva, Ein Hood, Haaretz, Yad Vashen, etcétera) y en la tierra madre: Chile, Bulnes natal, Chillán, el Norte Grande, la Zona Central, la Araucanía, Chiloé. González-Urízar ha puesto estos lugares en las páginas de sus libros, luego de haber asimilado y transformado, interiormente, cada uno de ellos a través de la palabra poética que es, al mismo tiempo, signo y objeto. En “Situación de la poesía”, Jacques y Raisa Maritain, escriben: “(objetos portadores de imágenes) que se organizan en un cuerpo vivo e independiente: no pueden ceder su lugar a un sinónimo sin que sufra o muera el sentido del poema como tal.” (48)

Así como el cronista deja la impresión de sus viajes en un diario o un fotógrafo capta el instante irrepetible en sus fotografías, González-Urízar traza pinceladas, toma apuntes, nos cuenta y retrata el paisaje (tanto físico como espiritual) que su memoria conserva y que ahora se ha transformado en poesía a través de ese “cuerpo vivo e independiente” que es el poema. Al comienzo de “Pagoda de las Seis Armonías” (49), por citar un ejemplo, nos deja su impresión del paisaje físico:

A la izquierda del sol, alta la tarde,
como torre de Dios
en la colina
de Yueh Lung
avizora la distancia
la pagoda más bella de la tierra.

Voy subiendo sin prisa sus escalas,
sus gradas y descansos
paso a paso,
recorriendo la luz,
todo el contorno
que se extiende en umbría y transparencia.

¿Cuánto tiempo transcurre
de una larga mirada a otra mirada?
¿Segundos o minutos, días, años?
Quizá la vida entera
sólo sea
una larga mirada que transcurre.

Y en el poema “Rehovot” (50), nos muestra el paisaje espiritual, en este caso, de un hombre, Chaim Weizmann (pero en otros poemas será María Eva Teresa Rafinska o Hernán del Solar o René Vergara):

Pastor de mil colonos, ni la ciénaga
ni el chacal ni el espino te arredraron.
No fue vana tu lucha con el yermo,
campesino ejemplar y miliciano.

Aquí yace tu voz como una tea
entre abejas y cedros, Chaim Weizmann.
Aquí duermen tus manos, tu paciencia,
tu voluntad, tu llama, tu plegaria.

La granada de salmos de tu boca,
tu corazón de pan y de relámpago,
la huella de tu hazaña fabulosa
y el árbol de tu nombre legendario.

En los puros linderos del desierto,
entre piedras y sabras, Chaim Weizmann,
¡va conmigo el enjambre de tu sueño,
gozo de Abraham, espada, candelabro!

Para los que hemos seguido tan de cerca la escritura de Fernando González-Urízar, su poesía toda se nos aparece como “una biografía lírica” (del mismo modo ve el notable poeta Luis Antonio de Villena la obra de Cernuda), y todo lo demás, lo histórico, por ejemplo, aparecerá “en la medida en que esté más estrechamente relacionado con la vida del hombre que escribe.” (51) Desde este punto de vista, lo que hemos llamado el autorretrato al estudiar la habitación del fundamento en su libro La copa negra, adquiere una mayor significación en la comprensión global de su obra poética que, en palabras de Antonio Campaña, “... ha logrado alcanzar entidades y expresiones de singular registro en que el rigor, fino y cuidadoso, se revela a través de signos aéreos y reales en su humana dialéctica.” (52) Entendemos, entonces, sin lugar a dudas, que la poesía sea su vocación más honda y que a ella haya dedicado y dedique gran parte de su vida; la poesía, “esa tarea resplandeciente, la más hermosa y desolada de todas.” (53)

Tulio Mendoza Belio

Concepción de Chile, Julio de 2003.


NOTAS:

(1) González-Urízar, Fernando. Poema “¿Actividad?: Poeta”, en SABIDURÍA DE LA LUZ, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1981. Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Santiago, 1982. Pág. 49.
(2) Mendoza Belio, Tulio. “Sobre una idea de Borges“, en Suplemento Literario, Diario El Magallenes. La idea, que se reitera en muchos poemas de Borges, es que los objetos, los animales, los vegetales u otros fenómenos, no tienen conciencia de sí mismos, no saben lo que son, ni siquiera que se llaman como se llaman.
(3) González-Urízar, Fernando. Poema “El don oscuro”, en DOMINGO DE PÁJAROS, Editorial Pedro de Valdivia, Santiago de Chile, 1977. Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Santiago, 1978. Pág. 36.
(4) Darío, Rubén. Poema “Lo Fatal”, en ANTOLOGÍA POÉTICA, Editorial Losada, Buenos Aires, Argentina,1969. Segunda edición. Prólogo y selección de Guillermo de Torre. Pág. 181.
(5) González-Urízar, Fernando. Poema “Para un laúd tan solo”, en MEMORIA Y DESEO, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1983. Pág. 9.
(6) González-Urízar, Fernando. Poema “Torcido, desigual, blando, sonoro”. Pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto, cuyo título es el primer verso del soneto “Compara el curso de su amor con el de un arroyo”, de Francisco de Quevedo, aparece por primera vez publicado en su libro RUISEÑOR DE LA LUNA, Ediciones Logos, Santiago de Chile, 1988. Pág. 37.
(7) González-Urízar, Fernando. “Prólogo”, en Gutiérrez, María Elena, Tulio Mendoza, Juan Otaíza y Ricardo Torres, PRIMER CEREMONIAL, Ediciones Bolt, Santiago de Chile, 1976. El Prólogo termina así: “Estas son las cuatro voces que se empeñan en dar razón y testimonio de sus vidas, de sus sueños y anhelos.
Todas ellas distintas y semejantes, una de otra. Oscilando entre la pura carnalidad y el vago sopor de la niebla.
María Elena Gutiérrez, Tulio Mendoza, Juan Otaíza y Ricardo Torres, ensayando sus plumas en el vuelo, sus manos en el hondo tañer. El tiempo lo dirá: quién persevera, quién ahonda, quién se quema las sienes y el corazón en esta tarea resplandeciente, la más hermosa y desolada de todas.
Ojalá sean los cuatro. Porque esta sed que yo siento no la cambio por cosa alguna.
(8) Mendoza Belio, Tulio. Discurso en Rancagua: “El oficio de ser poeta y escritor”, Diario El Rancagüino, Rancagua, domingo 1ero. de abril de 2001. Pág. 18. Palabras pronunciadas por el poeta Tulio Mendoza Belio con motivo de haber obtenido el Primer Premio en el Concurso Literario Nacional “Oscar Castro Zúñiga” 2001, organizado por la I. Municipalidad de Rancagua y su Corporación Cultural. Jurado: Miguel Arteche, Alfonso Calderón, Delia Domínguez, Fernando González-Urízar y Luis Agoni Molina.
(9) Mendoza Belio, Tulio. “Aproximaciones a La Copa Negra, una poética del fundamento”, en González-Urízar, Fernando. LA COPA NEGRA, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2002. Edición, prólogo y notas de Tulio Mendoza Belio. Págs.5-10.
(10) Idem nota 5.
(11) Paz, Octavio. CORRIENTE ALTERNA. Siglo Veintiuno Editores, Décimosegunda edición, México, 1981. Pág. 7.
(12) de Villena, Luis Antonio. “La respuesta clásica: el sesgo por la tradición en la última poesía española”, en FIN DE SIGLO (Antología), Visor Libros, Volumen 293, Madrid, España, 1992. Pág. 26: “Y en literatura -sabemos- es la forma la que emociona.”
(13) Peiffer, Johannes. LA POESÍA, Breviarios, Fondo de Cultura Económica, México, Cuarta reimpresión, 1983. Traducción de Margit Frenk Alatorre. Pág.11.
(14) Uribe, Alvaro. “La página en negro”, en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, México, N°281, mayo de 1994. Págs. 39 a 40.
(15) Piña, Juan Andrés. CONVERSACIONES CON LA POESÍA CHILENA, Pehuén Editores, Santiago de Chile, 1990. 235 págs. Pág. 68.
(16) Mendoza Belio, Tulio. FERNANDO GONZÁLEZ-URÍZAR: UN CLÁSICO CONTEMPORÁNEO (Vida y obra. Estudio y antología temática). En preparación.
(17) Paz, Octavio. LA LLAMA DOBLE (Amor y erotismo), Editorial Seix-Barral, S.A., Barcelona, España, Tercera reimpresión argentina, enero de 1996. Pág. 5.
(18) Sepúlveda Llanos, Fidel. “El amor, revelación de sentido”, en González-Urízar, Fernando. DEL AMOR SIN FIN, Academia Chilena de la Lengua, Santiago de Chile, Santiago de Chile, 2000. Prólogo de Fidel Sepúlveda Llanos.
(19) Idem nota 18. p.12
(20) Idem nota 18. p. 5
(21) Idem nota 18. p.15
(22) González-Urízar, Fernando. NUDO CIEGO, Editorial Pineda Libros, Santiago de Chile, 1975. Premio Academia Chilena de la Lengua, 1975. Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Santiago, 1977.
(23) González-Urízar, Fernando. SABER DEL CORAZÓN, Editorial Mar del Plata, Santiago de Chile, 1992. Pág. 97.
(24) González-Urízar, Fernando. Poema “La cena”, Pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro LOS SIGNOS DEL CIELO, Ediciones del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, España, 1971. Premio Internacional de Poesía “Leopoldo Panero”, 1970. Pág. 75.
(25) González-Urízar, Fernando. Poema “Cuerpos y astros”, Pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro SABIDURÍA DE LA LUZ, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1982. Pág. 35. El poeta cambia “Considerad” por “Considera”.
(26) González-Urízar, Fernando. Poema “Pasión de los signos”, Pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro VIOLA D’AMORE, Editorial Mar del Plata, Santiago de Chile, 1990. Pág. 47.

(27) “La Naturaleza es un templo en donde vivos pilares
dejan a veces salir confusas palabras;
el hombre lo recorre a través de bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.

Como largos ecos que de lejos se confunden
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche y como la claridad,
los perfumes, los colores y los sonidos se responden.”

Traducción de Tulio Mendoza Belio

(28) González-Urízar, Fernando. ÁNIMA VIVA. POEMAS TEOLOGALES. Prólogo de Ernesto Livacic Gazzano. Editorial Patris, Santiago de Chile, 1998.
(29) Idem nota 28, “El vivir que es perdurable”, págs. 5-9.
(30) González-Urízar, Fernando. Poema “A fuego lento”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro SABIDURÍA DE LA LUZ, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1982. Pág. 97.
(31) Arteche, Miguel. POESÍA Y PROSA (Antología), Editorial Universitaria, Colección Premios Nacionales de Literatura, Santiago de Chile, 2002. Prólogo, selección y notas de Andrés Morales. 287 págs. Pág. 210.
(32) González-Urízar, Fernando. Poema “Meditación ustoria”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro RUISEÑOR DE LA LUNA. Ediciones Logos, Santiago de Chile, 1988. Pág. 35.
(33) González-Urízar, Fernando. Poema “Obstinado color”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro MEMORIA Y DESEO. Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1983. Pág. 63
(34) González-Urízar, Fernando. Poema “Melancolía del que vuelve”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro VIOLA D’AMORE. Ediciones Mar del Plata, Colección Agua Pesada, Santiago de Chile, 1990. Pág. 140.
(35) González-Urízar, Fernando. Poema “Mes de enero solar”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro MUSGO DE SOLEDAD. Editorial Aconcagua, Colección Mistral, Santiago de Chile, 1982. Pág. 90.
(36) González-Urízar, Fernando. Poema “Invención del pasado”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro MEMORIA Y DESEO. Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1983. Pág. 77. En la primera estrofa, el poeta dice: “así te escribo, apócrifo pasado.”
(37) Idem nota 34. Pág. 77.
(38) González-Urízar, Fernando. TAÑEDOR DE LLUVIAS, Editorial Aconcagua, Colección Mistral, Santiago de Chile, 1978. Mención Honrosa en el Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Santiago, 1979.
(39) del Solar, Hernán. “Fernando González-Urízar: Tañedor de lluvias”, El Mercurio, Domingo 25 de Marzo de 1979, Santiago de Chile, Cuerpo E, p. 2.
(40) González-Urízar, Fernando. El poema, “La ciega lumbre, la copiosa brizna”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro ESCRITURA SECRETA. Editorial Aconcagua, Colección Mistral, Santiago de Chile, 1985. Pág. 27.
(41) de Unamuno, Miguel. DEL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA, Espasa-Calpe, Madrid, España, 1980. Segunda edición. Prólogo del P. Félix García. Pág. 25.
(42) Idem nota 9.
(43) R. May, Hilda. LA POESÍA DE GONZALO ROJAS. Ediciones Hiperión, Madrid, España, 1991. Pág 341.
(44) González-Urízar, Fernando. Poema “Araucanía”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro ÁRBOL DE BATALLAS. Editorial Aconcagua, Colección Mistral, Santiago de Chile, 1986. Pág. 43.
(45) Idem nota 9.
(46) González-Urízar, Fernando. Poema “Civil y seglar”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro VIOLA D’ AMORE, Ediciones Mar del Plata, Santiago de Chile, 1990. Pág..38
(47) González-Urízar, Fernando. Poema “Yad Vashen”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro ¡ISRAEL, ISRAEL! Editorial Babel, Santiago de Chile, 1970. Premio “Martín Buber”, en reconocimiento a su aporte lírico al pueblo de Israel. Pág. 94.
(48) Hahn, Oscar. MAL DE AMOR, Ediciones Ganymedes, Santiago de Chile. Ilustraciones de Mario Toral. Pág. 45.
(49) Idem nota 31. Pág.
(50) Idem nota 38. El poema “Pagoda de las Siete Armonías”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro TAÑEDOR DE LLUVIAS. Pág.
(51) González-Urízar, Fernando. Poema “Rehovot”, pág. XX de PASIÓN DE LOS SIGNOS. Este texto aparece por primera vez publicado en su libro ¡ISRAEL, ISRAEL! Editorial Babel, Santiago de Chile, 1970. Premio “Martín Buber”, en reconocimiento a su aporte lírico al pueblo de Israel. Pág. 9.
(52) de Villena, Luis Antonio. “Luis Cernuda, entre el exilio y sus metáforas”, en Cernuda, Luis. LAS NUBES. DESOLACIÓN DE LA QUIMERA. Ediciones Cátedra, Tercera edición, Madrid, España, 1991. Edición de Luis Antonio de Villena. Pág.36
(53) Campaña, Antonio. Revista “Atenea” N° 446, Universidad de Concepción, Concepción, Chile, 1982. Págs. 253-255.
(54) Idem nota 7.

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Solapas y contraportada del libro póstumo
PASIÓN DE LOS SIGNOS (Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2003. Edición, palabra previa, prólogo y notas de Tulio Mendoza Belio).
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