EN TU HERMOSA MATERIA: escritura de celebración y goce
por Marcia Flandes
Debo hacer un esfuerzo y no dejarme llevar por la seductora escritura de celebración y goce de este atractivo poeta, él, su poesía, "lo que es él, lo que fue y lo que seguirá siendo, palabras civiles para después del tiempo, palabras para la memoria del universo", como señala Juan Carlos Mestre.
En esta oportunidad me atrae indagar, bucear en el poema "La Esfera de lo Inútil", entender la negación del amor "porque no ve el rostro amado detrás de lo que existe", porque al decir: "veré lo que no fue", se intuye que el pesimismo paraliza este deseo de "alguien que imagino sentirá lo que yo siento", por lo que existe la posibilidad en esta espera, aunque diga "no es tiempo todavía, te sigo esperando". Y esta espera es otro modo de presencia; está en la imaginación, en cualquier momento puede pasar del estado del "no ser" al "ser" como un "...hechizo sin nombre"; por lo que dice: "y no consigo darle un nombre, pero sé que estás ahí...". Está latente la pregunta, entonces, ¿pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?
Se doblega fácilmente a la pérdida, aunque deja siempre la posibilidad de retomar nuevamente la idea, de concebir, por ejemplo, un "Escrito a Medianoche", apaciguar la tristeza con su nombre, "ando rayando vidrios con tu nombre".
Se puede decir que Tulio Mendoza Belio "...ha llorado resplandores"*. Y está esa permanente lucha de encantarse, de conmoverse a pesar del costo que eso significa: como "las heridas subterráneas": "...así permanezco, herido de muerte, herido de amor". Este es el eterno dilema de la conservación de la "especie", me refiero a la especie de este mundo de poetas que cumplen su destino y que de alguna manera existe una justificación de este Ser-Creador-de- Utopías.
Se reconoce que la poesía despeja los caminos y conduce a algún lugar misterioso, de viaje permanente, dejando un poco de vida; fatigado de muerte.
No puedo dejar pasar la oportunidad de mencionar una carta del Tarot de Marsella: La Rueda de la Fortuna, es pues, la imagen del eterno retorno; significa avance, cambios con sus 4 alegorías, 4 fases de la luna, 4 edades del ser humano (infancia, juventud, madurez y vejez). El dolor por haberlo perdido todo, sin olvidar que la persona es, en último caso, responsable de su propia vida: al igual que un mago, es capaz de elaborar su propio porvenir.
*El paso del Retorno
Vicente Huidobro
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Comentario publicado como CARTA AL DIRECTOR, en el Diario EL SUR de Concecpión, domingo 13 de Agosto de 2006.
Tulio Mendoza
Señor director:
Hace 30 años un joven poeta soñador e idealista, comenzó a caminar por esta pencopolitana ciudad, cubierta por su eterna atmósfera húmeda y verde.
Lentamente impregnó de poesía cada rincón de la ciudad, siempre rodeado por heterogéneos personajes, amigo de académicos, estudiantes, señoras comprometidas con la palabra y la acción poética.
Profeta en su propia tierra, condecorado el año pasado, con la medalla de Santa Cruz de Triana, en Rancagua, ciudad que lo vio nacer.
Este año es reconocido siendo llamado a pertenecer a la Academia de la Lengua en su segunda tierra natal, que lo vio nacer en el arte.
Tulio Mendoza Belio es un poeta que atrae a su amparo a seres apesadumbrados a paladear un festín de poemas en torno a esta fogata que entrega luz y calor.
Marcia Flandes Alvarez
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POETA TULIO MENDOZA BELIO
Y EL ÁUREA ESPLENDENTE DE LO CORPÓREO
por Alberto Carrizo Olivares
Miembro Correspondiente Academia Chilena de la Lengua por Iquique
Al recibir el libro de poemas EN TU HERMOSA MATERIA, del premiado escritor chileno Tulio Mendoza Belio y ver que en su portada estaba el Cristo crucificado de Dalí, ascendiendo en la hondura del cosmos absoluto, con sus brazos iluminados desde más arriba del gran y profundo misterio de la fe, intuí lo que venía como corpus reflexivo de un poeta que nos gratifica en cada aparición. Y no resistí la tentación de buscar, inmediatamente, entre la miscelánea de mi biblioteca, aquella frase sentencial del Papa Gregorio Magno (590 d.c.): “El cuerpo es el abominable vestido del alma...”, pues el título de la obra de Tulio, ya presagiaba la transparencia de aire-contenido, como misiva abierta, en estos tiempos en que la ética de muchos sigue sobreviviendo con la trampa existencial de la hipocresía.
Y el poeta tenía razón. Su argumentación no sólo invalida aquella oscurantista cita aludida, sino que tuvo el asidero académico de citar a casi veinte poetas (muchos de talla universal), sin perder en absoluto su identidad de creador lírico, sino que, por el contrario, transformarse en reconstructor de contenidos líricos mediante eslabonamientos conceptuales, epígrafes redondos, reduplicación de motivos escondidos y por añadidura, construyendo una cierta arquitectura de argumentación que, siendo lírica, se encumbra a espacios éticos y antropológicos. Y el libro se torna en alegato imbricado, de tal modo que llega a una propuesta digna de ser leída, más de una vez, pensando en los espacios subrepticios que ha tenido la ética con cierta veda de contenidos esenciales.
Tulio Mendoza Belio dice en la solapa de su obra que es un “transgresor”. Y tiene razón, pues el artista que es capaz de alzar vuelo sobre la contingencia disfrazada, resulta ser, en esencia, un gran elucubrador, un desmantelador de la imaginería ritual que encubre zonas elusivas del pensamiento. Y de creador lírico llega a la ingeniería de la propuesta estética, con sus cargamentos aledaños.
El universo de la obra, prueba además un depurado esteticismo que refuerza y prueba el de los autores citados. Inicialmente, un planificado y ardoroso anuncio nos dice: “Te empeñas en buscar la buena nueva/ que anuncie de algún modo ese destello/ que destape el oído de los sordos...”. Y como preparando al lector, despliega su hablante resurrecto: “...no existe el Pecado/... sólo una flor...”. Pronto viaja al intimismo surrealista donde funde elementos asociados en suspensión: “...Una botella de vodka a media luz/ se derrama entre los senos y la rosa...”. El manejo metafórico es excepcional para formular lo existencial dentro de un supuesto “confutatis”: “...ese obstinado afán de ser tan sólo/ un haz de luz perdido en plena fiesta...”. También utiliza imágenes resumidas que se subentienden por asociación y que en el lector provocan síntesis: “...la pluma muerta/ de un pájaro lleno de tinta: escribe la luz...”. En la descripción de lo citadino, le basta mencionar algunos elementos para recrear una atmósfera alucinante: “Cómo aconteces quemándote, ciudad tristísima/ lagarto de oro verde que bosteza muñecas/ de pezones carcomidos...”. En las construcciones de símiles hay acierto total cuando cuando enlaza elementos diversos para resumir, en abstracto, un paisaje: “...dos espejos luminosos se desangran/ bajo un árbol de mercurio...”. El poeta ofrece en suma (respecto de figuras), conexiones semánticas de alto grado, sobre todo cuando hay enumeraciones aparentemente desvinculantes; la intertextualidad surge con propiedad de oficio académico.
Tulio Mendoza Belio, entre lenguaje coloquial -a ratos- y el culto que equilibra la obra, va dejando los rastros de su propuesta estética que surge como horizonte emocional. Asume llanamente: “...la tarea divina de santificar el gozo...”. En el poema “¿Quién dice que todo está perdido?” (Fito Páez), retruca en cierta medida al autor del título mencionado, cuando afirma: “...el amor comienza por el cuerpo...”, “así belleza y decrepitud/ los contrarios que se atraen...”, “...para lograr que la noche tarde/ en abrir los ojos...”. Audacia desmantelando la pacatería. Pronto dejará “en trance” a más de un lector cuando defiende la naturaleza antinómica de una idea convertida en categoría ética: “Con su cara de ángel, la inocencia corrompe/ en su naturaleza escarba el alacrán su rayo poderoso...” Y si avanzamos, leyendo, en densidad de lo convencional, Tulio atreve: “Como se rememora la dicha/ cuando es pública e insolente y pone una raya en el muro intacto...”. Sorpresivamente, el hablante lírico victimiza su postura temporal en desdoble: “...esta soledad que me guiña desde el otro lado y en silencio...”. También, con propiedad, no exenta de juego, resuelve líricamente la obviedad del acto cotidiano: “...alguien acaba de irse/ para dejar su cuerpo en otra parte...”. Y culminando su alegato, orilla lo filosófico, volviendo a su propuesta: “hermosa materia” (devenida de una cita de Luis Cernuda) vierte en multiplicidad emocional y descriptiva una prosa lírica para el descubrimiento: “...supe para siempre la consagración del instante...”. En ese punto más alto del leit motiv, me pareció sentir la sombra del genial Jorge Luis Borges que le guiñaba el ojo, a plena luz de su penumbra física, asintiendo.
Tulio Mendoza Belio, poeta chileno, deja sus fantasmas culturales (todo poeta los tiene), sin abandonarlos suspendidos; en la homologación los invoca como testigos claves para construir toda la lograda ingeniería que deja obnubilada la anacrónica visión del Papa Gregorio Magno y que a milenio y medio de distancia, aún algunos mantienen como supuesta y monacal excusa de guerra doctrinal.
Tulio Mendoza Belio es, ya, uno de los adelantados en este milenio generacional y presencia de arraigo en la literatura chilena. Y asoma con múltiples raíces de estudioso, desentrañando vertederos de nuestra lengua en el habla continental.
Septiembre, mes patrio, casi primavera, en Iquique, Chile, 2006.
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